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Las consecuencias de la ópera a medianoche

El espectáculo en la ópera hizo que cada esfuerzo duro por conseguir las entradas valiera la pena, y que se alojaran luego en sus recuerdos como las causas de una primera vez sensacional. Nunca había ido a la ópera pero no era esto porque careciera de vocaciones artísticas o porque la elegancia simplemente no viniera con él, sino que había declinado ese tipo de pasatiempos como se rechazan las cosas por pura ociosidad. Las noches encerrado en una fría habitación de hospital rebanando algún órgano recién traído le habían parecido siempre más excitantes que ir al teatro por el mero placer sensorial. Pero siempre existe algún hecho curioso o un suceso impresionante que termina por empujar a ese perezoso lado nuestro que no gusta de probar cosas distintas, directo a la completa experimentación.

La razón suya era su jefe nuevo.

Martín era un joven médico cirujano alfa recién titulado, aún sin buscar su especialización. Rondaban su cabeza la neurología, la pediatría o la ginecología, sin embargo, nada estaba todavía claro y él quería tomar su práctica profunda y esperar a ver cómo se desenvolvían las cosas antes de elegir algo a lo que dedicaría un par de años más de su vida. Por ahora, le bastaba con haber encontrado un buen trabajo que le permitiera proveer bien para su pequeña familia: su compañero omega y su hijo de seis años. Se había comprometido muy joven, alrededor de los veinte, todo en él indicaba un próspero futuro y la madre de su omega no dudó ni un segundo en que sería el alfa indicado para su muchachito. Y bueno, las uniones eran hasta la muerte.

Pero volviendo al tema principal, la razón para venir al teatro a ver a una mujer joven cantar en los tonos más altos que había oído nunca, era que su nuevo jefe gustaba de este tipo de actividades y era un asiduo; uno de esos hombres extranjeros mayores excéntricos que rebosan finura y gustan de la buena mesa, el arte y la literatura. Hannibal Lecter se llamaba. Director del hospital donde Martín trabajaba. Psiquiatra forense. Europeo. Bien parecido. Adinerado. Y su jefe. Martín quería parecer culto y darle buena impresión, en eso consistía todo; por eso hizo lo imposible por conseguir las entradas y para eso se gastó parte de sus ahorros. Los omegas no solían cuestionar las acciones de sus compañeros alfa, pero el suyo puso el grito en el cielo cuando se enteró de su razón tan escueta.

- No puedo creer que hayamos venido solo para esto. Podría estar estudiando en casa y así mañana no tendría que quedarme en la universidad hasta tarde.

- Cuando te muestre lo mucho que aumentó la cifra en el cheque de mi sueldo vas a arrepentirte de estar reclamando –Martín se quejó, buscando con la mirada el porte imponente de su jefe.

Su compañero omega, Manuel era su nombre, rodó los ojos y le tomó la mano a su hijo rubiecito para evitar que se perdiera entre la multitud, que bebía en copas caras y charlaba animadamente sobre la elite de Baltimore. Ni él ni su pareja eran naturales de los Estados Unidos, ambos eran sudamericanos, pero habían estado de acuerdo en aceptar una transferencia a una universidad prestigiosa a mitad de la carrera.

- Pá –Manuel sintió un tironcito en la manga de su traje negro. Miró los ojos de su hijo, que eran iguales a los suyos y acomodó el corbatín ligeramente inclinado- El traje me pica.

- Mi traje también pica –le explicó- Pero a tu papá se le ocurrió la genial idea de querer impresionar a su jefe, ¡así que aquí estamos!

- Cállate, Manuel –espetó Martín con voz autoritaria, el enojo erupcionando por cada uno de sus poros. El omega le miró fijamente y con rapidez volvió su vista al suelo, cerrando la boca para no volver a emitir ninguna opinión. Manuel podía ser un omega un poco más rebelde que el común de la raza, pero sucumbía irremediablemente, como todos, a la dominación de su alfa. Dirían algunos aquí que Martín fallaba sin remedio cuando castigaba a su omega, porque la culpa venía a invadirle en cuanto veía que Manuel apretaba la mano de su hijo y caminaba detrás de él, como muestra de su total sumisión. Harían notar algunos que es allí precisamente donde el médico debería ponerse firme y exigir el respeto que su omega acoplado le debía, al ser de su pertenencia; pero Martín odiaba esa expresión, esa manera que tenían otros alfas de referirse al compañero que habían elegido, fuese ya por cariño, ya por capricho; resaltar que pagaron un dinero por el derecho a llenar sus camas cada noche, a dejar descendencia, un legado de carne y hueso. Él era conocedor de sus propios sentimientos, de la imagen que daba Manuel frente a sus ojos, de la manera en que ambos participaron incluso en la creación de su hijo. Él no podía, como alfa, ceder, pero como hombre que amaba tampoco era capaz de ser indiferente a su omega. Martín ya soportaba lo suficiente.

Se movieron a través de la multitud acomodada, de las mujeres con pieles sobre los hombros y los varones con corbatas de colores divertidos, sin decir ninguna palabra, ni un comentario acerca de cuán distinto era ese mundo, comparado a las reuniones que solían haber en casa de los muchachos, de la gente que era simplemente ellos. El niño aún recuerda con nostalgia los abrazos de sus primos, los regalos de sus tíos, la casa de la abuela que huele a galletas.

- Pá, ¿cuándo vamos a volver a casa?

Manuel pestañeó y le sonrió con lástima.

- Ésta es nuestra casa ahora.

Martín avistó a su jefe unos minutos después. Un hombre medio canoso, muy alto, elegante, que conversaba con una copa de trago en la mano, acompañado de otro hombre y una jovencita. Se estrujó las manos e inmediatamente luego se peinó el cabello con los dedos medio transpirados, y quiso decirle a su omega y a su hijo que hicieran lo mismo.

Sus propios deseos, las ganas, las motivaciones podían amedrentar a Martín, quebrarlo. Quería tanto este encuentro con su jefe, imaginaba todas las cosas que podría llegar a alcanzar; estaba tan ansioso por ser aceptado en el círculo médico, por recibir cada fin de mes un cheque suculento, por ser capaz de darles lujos a su omega y a su hijo, por hacer que no les faltara nada... Cuando se volteó hacia ellos, el niño le veía, pero Manuel tenía la mirada gacha, indiscutiblemente cediéndole a él cualquier aspecto que pudiese ser importante, y dispuesto a caminar detrás, como la sociedad desea que sea. Pero había una práctica que a Martín le gustaba más y que solía hacerse hace muchos años atrás. Con suavidad, un tanto impropia de un alfa, le ofreció el brazo por debajo de sus ojos nublados y esperó su reacción, que no se hizo tardar. Lentamente, Manuel se enredó como una serpiente en el brazo de Martín, sin soltar la mano calentita de su hijo; desde el correctivo que le había dado, no había esperado nada más que una palabra, una acción de parte de su alfa, algo que le indicara que no estaba molesto, y esta había sido la manera perfecta de demostrárselo.

Caminaron entre medio de la gente que comentaba la ópera y que buscaba incesantemente chismes, a la vista el Doctor Lecter no tenía más compañía que aquel hombre y aquella muchacha; Martín supuso que debían ser su compañero y su hija y no estaba equivocado, pues cuando llegó a su lado, con una sonrisa recatada y dispuesto a decir las mejores palabras acerca del espectáculo, Hannibal Lecter no quiso ser grosero, y presentó primero a su familia.

- Él es mi compañero, Will Graham, profesor y agente especial del FBI, y ella es nuestra hija, Abigail.

Manuel los observó a ambos, oliendo sus particulares esencias. Eran dos omegas, y Lecter era el alfa, como suponía. Suponía que ellos tres ya los habrían identificado también.

- Es un gusto conocerlos. -murmuró Martín, dándole la mano al hombre y regalándole una sonrisa a la joven- El Doctor Lecter habla mucho sobre ustedes, yo estaba ansioso por poder encontrarlos y se presentó esta oportunidad, ¿no es curioso que los seis disfrutemos estos eventos?

Hannibal sonrió lentamente, casi de forma imperceptible. Él no había hablado más de un par de veces en el hospital acerca de su hija (a la que alababa por su gran inteligencia) y de su hombre, que gozaba también de un conjunto de dones que lo hacían irremediablemente atrayente para la comunidad psiquiátrica. Le pareció absurda la manera en la que un nuevo empleado intentaba hacer buenas migas con su superior; el detalle de la familia tampoco lo evitó. Como buen burócrata, deseaba entregar un buen aspecto: joven pero no irresponsable, comprometido, padre de familia. Hannibal menea la cabeza.

- Y, esta es mi familia -se apresura a agregar, poniendo a Manuel y a su hijo más adelante. Manuel no puede evitarlo, pero se siente muy opacado y tímido frente a un alfa pura sangre como Hannibal- Él es Manuel, es mi compañero y este es Carlos, nuestro hijo.

- Un beta -comentó entonces el médico. Sus ojos medio rojizos examinaron al niño una y otra vez; si es que estaba sorprendido, su voz no dejaba ni un rastro a la deriva- No son demasiadas las chances de que una pareja alfa-omega pueda engendrar a un beta, y menos a un macho.

- Lo sé, la mayoría de las uniones alfa-omega terminan en hijos alfa o hijos omega, generalmente omegas hembra.- Martín no dudó en seguir las insinuaciones de su jefe, porque deseaba hacerle notar que sus conocimientos eran muy parecidos. Sabía tanto de genética a sus veintiséis años como cualquier doctor que llevara unas décadas más de ejercicio de la profesión. Habría Martín de comprender mucho después el calibre de sus palabras.

El Doctor Lecter les contemplaba con una suave mueca sobre su rostro báltico, su cabello rubio grisáceo descansaba bien peinado en su frente. Su hija Abigail, con sus grandes ojos azules y sus facciones casi idénticas a las de Will, inspeccionaba llena de curiosidad la actitud más contemplativa del omega que sostenía aún muy fuerte la mano del pequeño. Creyó que en sudamérica aún se mantenía aquella retrógrada idea de superioridad del alfa y de la participación limitada en cualquier evento social del omega. Eso y otro par de detalles le parecían conjuntamente interesantes.

- Tú luces muy joven -murmuró, tratando de captar su atención y cuando Manuel la miró, confundido porque le interrogara, Martín intercedió con rapidez, permitiéndole el habla.- muy joven para ser un omega acoplado y tener un hijo que no es un recién nacido.

- Sí, nosotros… nosotros fuimos papás muy jóvenes.

- El que hayan optado tenerlo es una decisión muy valiosa, Martín -se refirió Hannibal a su médico, todavía sostenía entre sus manos la copa de licor- Muchas parejas adolescentes ceden a la presión o interponen otros tipos de intereses frente a la llegada de un cachorro. No puedo juzgar los motivos personales de cada joven alfa u omega que opta por deshacerse de la vida nueva que ha creado, pero es ciertamente admirable que otras parejas estén dispuestas a luchar de tal manera por mantener de la mejor forma a su descendencia.

Martín le sonrió ampliamente, y no solo porque se sentía muy orgulloso del conjunto de decisiones que él y Manuel habían tomado con respecto al nacimiento y la educación de su hijo, sino porque las palabras de su jefe significaban pequeñas pistas de que este encuentro llevaría a buenos entendimientos. Quizá en un principio podría haberse visto ansioso, desesperado por aprobación, pero creía ahora que comenzaban a crearse oportunidades de una relación amigable con el director del hospital y junto a ello, todo el paquete de privilegios que traía detrás, eso que le había llevado a gastar buena parte de sus ahorros, casi como una inversión a largo plazo.

- Oí tantas buenas referencias de usted, Doctor Lecter, me siento tan honrado de poder compartir mi trabajo con un profesional de su talla... Y de incluso descubrir que tenemos pasatiempos en común, yo adoro la ópera y puede que nos encontremos con frecuencia en este lugar. El lunes en el hospital podríamos almorzar juntos, sé que hay mucho que usted podría enseñarme.

Will no dejó de mirar al alfa mientras hablaba. Él sabía que había un tinte de extrañeza en sus pupilas, de mentira en sus ojos; pero tampoco podía obviar el temperamento de Hannibal y su gran conexión. No era necesario que decirle acerca de las descaradas mentiras de Martín, el Doctor Lecter estaba enterado de todo con sólo escuchar la manera en que subían y bajaban sus tonos.

-Y un hombre tan bien posicionado como usted...

Manuel, en tanto, decidió mantener el silencio, dejando que su imaginación se fuera hacia las áreas de estudio de su exámen de la próxima semana. El niño, todavía muy cogido de su mano, se movió inquieto y dio un gran estornudo que llegó a salpicar el elegante traje del Doctor Lecter, sumido en la conversación con Martín.

- Carlos, te he dicho que te tapes la boca al estornudar -reprendió Manuel al instante, suplicando indultos con la mirada al jefe de su alfa- Pídele disculpas al Doctor Lecter. -Hannibal quería decirles que en realidad aquello no era necesario, pero esta noche no deseaba ser cínico por completo.

- Pero pá -se quejó en desacuerdo, frunciendo sus labios, sin embargo la mirada intransigente de Manuel era todo lo necesario para hacerlo con inmediatez- Lo siento, Doctor Lecter.

Su tono de voz, tan propio de los niños molestos, incluso malcriados, fastidió a Hannibal, pero se limitó a nada más que sonreír.

- Martín, es tarde, y si el niño estornudó es porque puede estar resfriado, ¿podemos irnos ya?

- Estoy teniendo una charla con el Doctor Lecter, Manuel, no seas...

- Tu compañero te hace una acotación razonable, Martín -añadió Lecter, viendo una oportunidad de deshacerse del joven alfa- Incluso está enfriando. No permitas que tu hijo pesque un resfriado; tiene las mejillas coloradas.

Martín echó un vistazo al pequeñito, que quitaba de sus bolsillos un pañuelito mentolado. Asintió porque Lecter tenía razón, y era capaz de percibir la incomodidad de su omega luego del incidente con el traje del doctor.- Sí, es mejor, ¿verdad? Podemos acabar nuestra conversación en el hospital... Entonces fue un gusto encontrarlo a usted y a su familia, Doctor -finalizó, tendiéndoles la mano, que fue estrechada con igual intensidad por cada uno de los integrantes de la acomodada familia- Nos vemos el lunes. Voy a estar ansioso por poder charlar con usted otra vez.

Hannibal le sonrió, políticamente devolviendo el cumplido, mirando con fijeza al niño que seguía bien amarrado de la mano de su padre omega. Lecter inspeccionó el cuerpecito pequeño, las facciones mezcla de Martín, mezcla de Manuel, el cabello rubiecito, los ojos que eran obviamente recibidos del omega, las pecas como herencia del alfa. Era un niño encantador, una criatura en su más tierna expresión, pero grosera, inadecuada aún a los círculos de la alta sociedad de Baltimore, de cualquier cargo que su padre pudiese llegar a obtener. Cuando Abigail tenía su edad, era linda y virtuosa, bien educada. Le puso la mano sobre el hombro a Martín.

- Hasta el lunes, Doctor Hernández. Cuida de tu cachorro, la noche está helada, y podría pescar más que una gripe inofensiva.

A Manuel no le gustó el tono con el que Hannibal Lecter se refirió a su hijo, su voz rasposa y grave con ese acento característico. Afirmó con su brazo derecho los hombros de su hijo, apegándolo a su cuerpo protectoramente; su alfa pareció tener la misma impresión, porque Manuel fue capaz de sentir sus dedos de uñas largas enterrarse con cuidado en su clavícula izquierda, que sobresalía bajo su saco negro. Sus cejas rubias se unieron sobre sus pupilas verdes; como alfa estaba cuidando de cualquier posible arremetida contra su familia; al igual que su compañero, desconfió de las palabras del Doctor Lecter y la sospecha se coló por su cuerpo entero. Agarró la otra mano de Manuel y se llevó a su omega y a su cachorro lejos de allí.

------

Manuel estaba recostado en la cama cuando Martín entró a la habitación. Se desvistió en frente de él y se echó bajo las sábanas en ropa interior. La casa que habían alquilado en Baltimore era pequeña y acogedora, tenía un cuarto para ellos y otro para el niño, un baño, una cocina, y una piececita para la lavadora y las cosas del aseo. El patio era agradable también, Manuel había pensado en conseguir un perro o un gato para Carlitos.

- ¿Mmm? -susurró el omega quitándose los lentes de lectura y cerrando el pequeño cuadernito empastado sobre su regazo en cuanto sintió que la nariz de Martín aspiraba el aroma de su cuello-

- Si no fuera por los supresores, ya estarías en celo -Su alfa le susurró, con la voz grave, y Manuel sabe, interpreta con inocencia, el estado febril de Martín. Abre la boca para tomar aire y lo bota por la nariz, retorciéndose debajo de las colchas.

- Sobre los supresores…

El alfa dejó un beso suave sobre la piel caliente del cuello de su pareja.

- Dame una niña. -y Manuel no pudo evitar dejar salir un gemido chiquitito. Sus manos frías le agarraron el cabello, y el tono con el que le hablaba, esa manera tan propia que tenía Martín de decir las palabras, cómo murmuraba junto a su oído. El omega rozó sus piernas juntas, obviando la humedad de su ropa interior. Ya no podía entrar en calor, pero eso no quitaba que sus sensaciones siguieran intactas- Quiero que tengamos una hija.

- Sí -le contestó de inmediato, buscando sus labios- pero… pero cuando termine la carrera. Te daré una niña, un alfa, incluso.

Martín sonrió, asintiendo con entusiasmo. Le dio un beso sobre la frente y se hizo un ovillo entre las sábanas, dejando a su omega con la incómoda sensación de una unión no realizada, ni siquiera comenzada, y Manuel estaba ansioso por sentir el nudo de Martín dentro de su cuerpo otra vez. Hubo un tiempo de silencio después que le permitió descansar su cuerpo, recompensar su organismo inquieto. Suspiró profundamente y buscó un espacio entre su pecho y sus brazos, acurrucando su cuerpo a la figura de Martín, dispuesto a cerrar los ojos.

Debieron haber dormido una media hora cuando Manuel se despertó por unos ruidos raros en el living. Parpadeó mucho y tocó el hombro de Martín, tratando de conseguir que abriera sus ojos. Su alfa tenía el sueño pesado pero con un bostezo grande finalmente le estuvo viendo.

- ¿Escuchaste? -le dijo Manuel, pegado a él. Martín estiró sus brazos y se rascó el cabello.

- ¿Qué?

- Unos ruidos…

Fue como si alguien chocara contra algo y Manuel se erizó. Miró a Martín, que decidió levantarse y echar un vistazo para ver qué ocurría.

- Ten cuidado.

El alfa asintió y encendió la luz de la habitación. Cuando abrió la puerta, lentamente, se pegó un susto, que luego pasó con un poco de risas. Carlitos estaba fuera, con su oso de peluche colgando entre sus manitas claras, temblando de frío. Apenas miraba a su padre, con sus ojos grandes y brillantes.

- ¿Puedo dormir con ustedes? Tengo miedo.

Martín frunció los labios y se volteó a mirar a su omega, que le devolvió una sonrisa perezosa. Con la misma intensidad Martín le cogió en brazos y dejó que su hijo rodeara su cuello y sintió él el aroma del beta, que era mezcla de su propio aroma con el de Manuel. Le permitió que gateara en la cama para ir a arrullarse en los brazos de su pá, mientras él apagaba la luz y se acostaba junto a ellos. Le pasó a su hijo el brazo por la cintura y lo atrajo un poco más cerca; cuidaba de su cachorro como un buen alfa.

Un par de vehículos se oyeron fuera, perros ladrando, música lejana desde alguna fiesta comunal. Martín suspiró tratando de volver a dormir, acomodando su rostro sobre la almohada. Pudo lograrlo durante algunos minutos hasta que abrió los ojos irremediablemente porque los ruidos en casa no cesaban.

Quiso decirle a Manuel que se levantaría otra vez para averiguar qué era lo que estaba causando tanta molestia, pero la mano enguantada que le cubrió la boca apenas hizo el intento lo detuvo. Martín estaba seguro de haber olido esa esencia antes, de reconocerla de algún lado: el inconfundible aroma de un alfa pura sangre. No se encuentran muchos por este lado de Baltimore. El Doctor Lecter era un buen ejemplo de ello.

A la medianoche (Hannibal - Arg/Chi crossover)
AU Omegaverse <3

Hannibal y Will pertenecen a Thomas Harris.
Argentina y Chile a Rowein.
Carlos a Anniih
Abigail a Bryan Fuller.
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(Contains: violence/gore)
Take me to Church


When the cops finally break the door, I know it won't take too much time for them to cross down the basement.

They will deduce we are here.

Matthew doesn't scream anymore, he has no chains either on his wrists or on ankles.

I have liberated him since some hours ago.

Matthew is all pale, full of bruises and scars. There's no shirts covering his chest, his jeans are torn; he's dirty, his hair is messed up.

Matthew, I love you.

He looks at the door of the basement, open for them to catch me.

I know they are gonna catch me.

Live or dead, who cares now.

''Matthew?'' I call.

Matthew doesn't respond. I touch the pistol on my pocket.

The noises on the ladder, they are coming.

''Matthew, please'' I whisper and then I turn to him. ''Matthew, they will tear us apart, Matthew, they don't want us to be together. Matthew, please, please, Matthew''

I'm so scared, so confused and so excited. I hold tight the pistol in my hands. In just a moment, I don't know when, I put it to his temple. Matthew opens his mouth, but he can no longer scream. I see his tears, rolling down his cheeks and I'm so used to that thing, so used to...

''Matthew, I have to kill you but I don't want to. Matthew, what can I do?'' I'm almost crying, my finger is right in the trigger. Matthew puts his head down.

They are so close, I hear them.

''Matthew'' I cried out. ''Matthew, I love you. Matthew I love you so much I can't do this to you. Not this. Matthew, please, save me because it hurts. Matthew'' I say to his hair, to his blonde and opaque hair. I kiss every strand, I know I won't be able to do this again when I'm gone.

So it is decided and I gladly take it. I push Matthew away, I don't even care if he is hurt. I have hurt him so many times before.

I point the pistol in front on my head and pull the trigger.

There's nothing I regret. I could say ''sorry'' but I know I'm going to hell anyway.

I wish I could take Matthew with me, although that would be my bad.

-

The police arrive. They see my body dead on the bloody floor.

They hear laments, at first they don't understand.

At first neither do I.

Matthew's face is hidden in my neck. His hands are wrapping my chest.

He is crying because of my death. He is crying for me, because he loves me and you don't want to lose a lover.

He repeats don't leave me don't leave me don't leave me again and again and again.

I'm so glad when the cops can't take him away from my body.

So happy looking at them to stop trying.

Matthew cries out so hard, so loud, it's incredible.

He whispers in my ear we will meet each other again.

And I totally agree.
Take me to Church (Psycho!America/Canada)
I start by saying that this is my first fanfic in English since my mother languague is Spanish, so, I would be happy if you guys tell me where are mistakes. Thank you!

America and Canada belong to Himaruya.
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(Contains: sexual themes)
Asunto Pendiente


01.

Manuel va a la Argentina porque allá la educación es gratis.

Y su historia comienza por una cosa de calidad.

Tiene un tío viviendo en Buenos Aires.

No tío técnicamente, pero primo de su madre.

Alemán, ex militar, llamado Ludwig Beilschmidt.

Él no quiere irse a vivir a Buenos Aires porque es muy diferente a Santiago.

Santiago. Santiago. Santiago. Odas a Santiago, si solo pudiera sostener el lápiz, pero el bus corre muy fuerte.

El terminal es diferente al de Santiago.

TODO es tan diferente.

Su tío luce distinto. Lo espera apoyado en un pilar. Esa pinta fría, incorruptible, intachable, ¡cuánto la envidia! El orgullo alemán pisando las fértiles tierras del sur.

No se había percatado de la figura de alguien más a su lado.

Cuando se acerca, hay un abrazo pueril. Le presenta a Feliciano.

Ludwig es gay.


02.

Isabel Allende no es la gran cosa. Dice eso en su club literario y hay muchos que abren la boca y envenenan las frases pero el veneno no le llega y él sigue siendo como una ratita feliz. El cuaderno de Maya queda olvidado pronto bajo su nueva cama, en la casa de tío Ludwig.

Tío Ludwig comparte habitación con Feliciano, un italiano de lo más mono, pero, ¿no es eso shockeante?

A Manuel se le va a ir olvidando de a poquito porque el desgraciado cocina muy bien.


03.

Colegio nuevo.

Colegio mixto. Solía Manuel frecuentar en Chile un colegio de hombres.

Él odia las cosas nuevas y los cambios y la relatividad y la inconstancia y la volubilidad y los vaivenes.

Manuel tiene Asperger pero no lo dice en primer momento cuando se presenta frente a la clase porque entonces tendrían que tratarlo de manera especial y ya se siente como uno solo porque es chileno y ser chileno aquí es incómodo.

No es raro que almuerce solo la primera semana. Y la segunda y la tercera y así hasta que se pasa el mes.


04.

Su mamá aprendió a hablar con él por Skype. Dice que le echa mucho de menos y que en cuanto pueda irá a visitarlo. Plantea la posibilidad de que Tiare le haga compañía y Manuel le susurra que ojalá porque Tiare es su hermana y la única amiga que tiene.

Socializar no es fácil, no es fácil, él trata, trata mucho, a veces quiere acercarse a un grupo y conversar pero no sabe cómo empezar o qué decir.

Rayén sonríe simplemente porque tiene un hijo muy especial.


05.

El puesto de Manuel es un rinconcito muy alejado, afable y solitario, que le permite observar la pizarra y copiar de ella sin ninguna necesidad de preocuparse por el reflejo que suele afectar en los días soleados, además, está cerca de una ventana pequeñita que resulta muy útil en verano.

Delante se sienta un muchacho muy corpulento que impide que los profesores lo interroguen o traten de llevarlo a la pizarra para contestar algunas preguntas, y es todo muy cómodo y agradable y Manuel ama ese puesto más de lo que ama a su libro favorito.

Se siente seguro.


06.

Se pasan los meses, largos y arrastrando todo a su amargo recorrido, se acerca el fin de semestre y las vacaciones de invierno están a un paso, y Manuel piensa con pesar, mientras la música golpea sus oídos y los ecos de las voces de sus compañeros se desvanecen, que puede que el dinero no le alcance para viajar a Santiago.

Y se desmoraliza y comienza a cuestionar y frunce el ceño porque es tan injusto que algunos tengan tanto y otros tengan tan poco, y, ¿cómo puede la gente rica vivir sabiendo eso?


07.

Dos semanas antes de las anheladas vacaciones, la maestra hace un cambio de puesto imprevisto. A Manuel le sudan las manos y el pecho le sube y le baja y también le tiemblan las piernas un poquito cuando camina por el pasillo y ocupa su nuevo asiento, justo en medio de los chicos más revoltosos de la clase.

Así podés socializar mejor y ayudar a tus compañeros menos aplicados.

Lo único que Manuel piensa es en cómo va a poder copiar ahora, cuando estar tan cerca de la pizarra hace que las letras danzen frente a sus ojos.

Ni siquiera se mueve para mirar a la persona que sientan a su lado cuando la profesora menciona su nombre.


08.

Se llama Martín, Martín Hernández. Tiene ojos verdes muy bonitos, su pelo rubio huele a quillay y parece que su sonrisa puede iluminar todo el mundo; Manuel lo ve siempre conversando con toda la gente y haciéndolos reír, cuando él está sentado solo en una de las banquitas en la sombra, repasando los apuntes de su cuaderno de castellano.

No hablan los primeros días, pero cada mañana Martín le dedica una sonrisa en cuanto lo ve y Manuel intenta devolvérsela, aunque no sabe muy bien por qué lo hace ni qué resulta de sus labios fruncidos.

Algunas veces, cuando Martín no está mirando, Manuel dedica un tiempo a examinar su rostro detalle por detalle; cae en cuenta de sus pestañas largas claritas, las pecas casi imperceptibles en sus pómulos y la manera en que la curvatura de su nariz no le arruina la cara.

Entonces se encoge de hombros, agacha la cabeza y continúa escribiendo. Martín parece un chico tan correcto, tan bien moldeado, tan perfecto, Manuel nunca pensó envidiar a alguien por uno de esos aspectos.


09.

Feliciano le trajo un regalo muy bonito: un cuaderno empastado de tapa roja.

Manuel está tan feliz y satisfecho, corre a su habitación y se sienta en la cama como un indio y escribe y escribe y se pasa la hora y es tan de noche pero qué importa, mañana irá pero no irá a la escuela como a veces lo hace. ¡Le encanta su cuaderno! ¡Le encanta Feliciano!

Ludwig y Feliciano lo miran a escondidas por entre la puerta. El italiano le susurra a este imponente militar retirado que si un día deciden ser padres, le gustaría tener un niño que se parezca a Manuel.


10.

Manuel halló un bonito parque cerca de la escuela y en vez de ir a ella en la mañana, se pasa a columpiar por un par de horas, simplemente acompañado por los suaves tallidos de guitarra en sus audífonos. Cuando empieza a ser mediodía, cambia de actividad y se recuesta en el pasto a leer:

‘’Si el mundo no necesita gente como yo, si no sabe darles otro papel mejor, si no puede emplearlos en empresas superiores, entonces la gente como yo se irá a pique, no habrá en nosotros más camino que el aniquilamiento. Peor para el mundo.’’


11.

Decide no obviar el último día de clases y va, su sorpresa es grande porque cuando entra a la sala las mesas están puestas juntas y todo está muy organizado para una convivencia. Manuel pestañea muchas veces y trata de reprimir las ganas de gritarle a sus compañeros por qué han hecho eso.

¿Dónde están sus libros de clase? ¡Ni siquiera puede reconocer su propia mesa!

Medio atolondrado, con el cabello en los ojos, se decide a ir entre puesto por puesto, nadie está prestándole atención, de todas maneras. Algunos chicos están abriendo los paquetes de papas fritas y uno que otro panquecito, y Manuel de pronto siente que alguien toca su hombro.

Respinga asustado, ¿quién le ha tocado sin siquiera avisarle antes? Martín está tras de él cuando voltea y lleva en sus manos un montón de libros que deben ser más pesados de lo que lucen.

- Tomá -le dijo, con una de sus sonrisas radiantes- Pidieron que nos lleváramos nuestros libros esos días que no viniste y como no estabas, los saqué por vos.

Manuel no lo mira a los ojos, o puede que en ese momento haya hecho un intento vago de conectar sus miradas, pero no se concreta y apenas recibe los libros y murmura un gracias, bien despacio, imperceptible, agudísimo. La cara le arde mucho y Manuel no tiene idea por qué.


12.

Cuando llega a casa y hace un espacio para sus libros, nota que en la portada del de matemáticas hay una notita pequeña. La lee curioso.

‘’Pudimos conocernos más. Ojalá el próximo semestre podamos ser amigos’’

Manuel cree que tiene síntomas de un pre infarto porque el corazón le late muy fuerte en el pecho y le sudan las manos y su cara está roja, roja como un tomate. Y ha leído mucho sobre infartos como para no poder reconocer uno.


13.

Manuel viaja a Chile para las vacaciones de invierno y está tan contento de que incluso el dinero le alcance para llevarle a su mamá y a su hermana un regalo. Trae una grabación de su tío y su novio y comen una cazuela como bienvenida y después Manuel juega con el perro y conversa con su madre toda la tarde.

En la noche, se pasa a la habitación de Tiare y duermen juntos como lo hacían cuando más niños.

Manuel tiene una especial concepción acerca del espacio personal, pero que Tiare y Rayén violen sus exigencias, no le preocupa para nada.


14.

Cuando vuelve a la escuela, Martín está dibujando algún animalito y en cuanto le ve llegar, le saluda con la misma sonrisa bonita de siempre, sus ojos verdes se ven amistosos, aunque Manuel no puede adivinar eso porque él no puede leer las intenciones de los demás.
Aun así, se las arregla para articular un ‘’Hola, ¿cómo estai’?’’ Martín nota que no es fácil para Manuel iniciar una conversación y con rapidez, empieza a contarle sus aventuras de vacaciones.

Manuel no se ha sentido tan cómodo y seguro desde que estaba acurrucado en la cama con su hermana.


15.

Los días pasan, las semanas se van y los meses le acompañan, el tiempo recorre el aire fresco de inicios de primavera bonaerense y se lleva los rastros egoístas de días malhabidos.

Manuel no sabe cómo (y odia no saber cómo), pero de pronto, a Martín y a él no les para la boca en clases, y ni siquiera puede escribir correctamente una palabra cuando tiene el mentón de Martín en su antebrazo, haciéndole reír con algún chiste. No importa que lo toque sin avisar. No importa que hable muy fuerte. No importa si se burla de su acento, él siente la suficiente confianza como para reírse de la manera en que Martín sube y baja los tonos.

Un día, su euforia llega a tales extremos, que la maestra los expulsa de la sala. Manuel nunca había sido expulsado, tampoco en Chile, y sus ojos de cachorro lucen asustados pero, ¿cómo podría enserio sentirse así, cuando Martín le sonríe confianzudo? No le queda otra que sonreírle también, y es la primera vez que le mira directamente a los ojos.

Son más bonitos de lo que había creído.


16.

Una mañana, el curso va a escalar un cerro, como una actividad extraprogramática de clases. Manuel piensa no ir porque él es muy malo para los deportes, tan malo que está eximido de educación física (la verdad es que es por enfermedad, decir eso da otro toque).

Pero Martín insiste e insiste y él no puede decirle que no, vaya a saber uno porqué.

Hay un par de cosas que a Manuel le preocupan.

¿Qué pasa si Martín, tan popular, tan agradable con todos, le deja en la excursión?

Entonces él tendría que intentar socializar con el grupo al que Martín se incluya (y fallar) o estar solo como en un principio.

En realidad, pensar eso le duele y no quiere hacerlo.

Prefiere que los árboles moviéndose hacia la derecha y la izquierda se lleven sus cuestiones.

Martín es el chico más agradable, porque, a pesar de sus temores, se queda con él durante todo el recorrido, y le ayuda a cruzar los caminos llenos de piedras, y ni siquiera conversa con alguien más.

Miran incluso la ciudad desde la altura, desde una orilla media quebradiza, en silencio y sin cruzar palabras.


17.

Manuel le cuenta acerca del parque y Martín exige acompañarlo.

Ese día tienen dos libros y se leen algunos párrafos el uno al otro. Es una mañana muy bien gastada. Los amigos de Martín no hacen esto con él, porque tampoco tienen idea que uno de los pasatiempos más ocultos de Martín es leer, leer y devorarse todo.

Otro día van a andar en bicicleta.

Una noche Manuel invita a Martín a la casa de su tío. En la madrugada ven Sherlock, cada uno en su computador portátil, comentando en silencio para no despertar a Ludwig o a Feliciano.

La semana siguiente Martín ofrece su casa. Manuel conoce a su madre y a su hermana. ¡Yo también tengo una hermana! Le comenta contento. Martín no más le sonríe.

Manuel nunca había tenido un amigo antes, entonces no sabe muy bien cómo es que se siente. Supone que todas las personas se sienten iguales frente a sus amigos. Supone que a todas las personas les sudan las manos y las mejillas se les colorean y son incapaces de mirarles a los ojos sin dejar ir una sonrisita rara.

A veces quiere preguntarle a Feliciano pero después desiste rapidísimo.

¡Qué vergüenza! ¡Qué inocencia!


18.

El último día de clases el curso no hace una convivencia porque en secreto se odian y el odio es tan palpable, solo tontos no lo notarían.

Manuel ha traído un paquete de papas fritas y Martín tiene una bolsa de caramelos, harán su propia convivencia con juegos de azar y mujerzuelas.

Manuel se ríe pero no lo entiende.

Martín, tan vivaracho, se consigue la llave de la sala donde los profesores de educación física guardan las colchonetas, las pelotas y lo demás. Es muy oscura así que cuando entran, deben ocupar sus teléfonos como ampolletas.

Sus conversaciones varían desde el nuevo capítulo de The Following hasta las felicitaciones de Martín por las buenas calificaciones de Manuel y qué harán durante vacaciones.

Hablan con la boca llena, con las manos sucias y aceitosas.

Hasta que el teléfono de Martín suena y la habitación queda un poco más en penumbras.

Manuel no oye la conversación de Martín, mastica las papas fritas y sus ojos marrones van a volar por la oscuridad de la sala, de aquí para allá en un tintineo infinito.

Cuando Martín corta, se queda mirando la pantalla del celular por un tiempo.

- Te tengo que decir algo.

Manuel oye eso y deja de comer. No puede verlo demasiado bien por la luz tan escasa pero es capaz de distinguir sus ojos verdes y de sentir su mano, cálida, pegajosa, salada, contra el pantalón de su uniforme, en su rodilla derecha.

No dice nada, porque no sabe qué decir, porque nunca antes Martín lo había tocado así, porque de pronto no le incomoda ser tocado así.

Cuando Martín deja su rodilla y recorre su pecho, su cintura y le besa los labios, tímidamente, Manuel está frío y pasmado como una estatua.


19.

Manuel cree que los ruidos que se escapan de sus labios son muy vergonzosos y no sabe qué hacer para acallarlos, pero es que Martín hace algo que se siente muy bien entre sus piernas y que hace que le tiemble todo.

Mancha la boca de Martín una vez y él se detiene y sube de nuevo y le besa y Manuel no sabe qué hacer, entonces le empuja contra una colchoneta y besa su mejilla y acaricia su cabello y Martín sabe que no tiene idea de cómo se supone que debe actuar ahora, y le dice ‘’hagamos esto’’.

Pasa un tiempo, lleno de sensaciones nuevas, vigorosas, inquietantes. De caricias inhóspitas, de besos recogidos. El dolor se hace presente. Manuel no sabía que atarse a alguien fuese tan lacerante, pero Martín parecía estar disfrutándolo y si así era, pues estaba bien.

Manuel le agradecía.

¿Cuándo, en la historia de su vida, habíase sentido aceptado por alguien que no fuese su familia? ¿Cuán bien le había hecho Martín?

Manuel no sabía qué era esa sensación, qué nombre tenía ese sentimiento, pero le parecía insustancial, ¿por qué quisiera averiguarlo ahora? Tenía toda una vida para estar con Martín, toda una estadía en Argentina para hallar el significado.

No podía ser tan difícil.

Los besos de Martín en su nuca le decían que nada podía ser tan difícil.


20.

Manuel acompañó a Martín a la esquina de la escuela, donde paraba el bondi. Su andar era medio quebradizo y Martín le agarró el brazo, un poco cosquilludo, un poco entretenido, le miraba con ojos de adoración. Manuel nunca se había sentido adorado.

Cuando el colectivo venía, Martín le hizo parar, luego se volteó hacia Manuel y le dijo:

- Fue lindo.

Dos simples palabras y un beso en la mejilla. Ese fue todo su despido, todo su adiós.

Manuel miró partir el bondi y lo siguió con la vista hasta que desapareció.

Temía que no volvieran a verse en vacaciones.

Se aferró fuertemente a la idea de que estaba equivocado y echó su andar.

La casa de su tío no quedaba tan lejos, después de todo.


21.

Han pasado cuatro años desde la última vez que lo vio.

El primer día del segundo año de secundaria, llegó con la esperanza de encontrarlo, pero ni siquiera estaba en la lista.

Le preguntó a la profesora qué había pasado con él y ella respondió con simpleza que se había cambiado de casa.

Manuel le llamó incontables veces, durante las vacaciones, durante el nuevo año de escuela, pero el número de su teléfono era inválido.

Entonces lloró, como nunca había llorado desde que puede recordar. Lloró meses, cada noche, durante cada vuelta a casa, en los columpios del parque, en el pasto verde y húmedo, en las salas vacías. Lloró su ausencia, su partida.

Lloró sus ojos verdes, su pelo rubio que olía a hierbas, su sonrisa encantadora, sus chistes tontos, su risa contagiosa. Lloró sus manos cálidas y sus labios suaves, lloró sus pecas y sus pestañas. Lo lloró todo él.

Sus calificaciones se fueron a la baja por ello.

Ludwig y Feliciano le llevaron a los mejores psicólogos, pero Manuel se mantenía mudo durante las sesiones.


22.

Manuel vivió su duelo y después trató de hacer amigos.

Siempre recordando cómo lo haría Martín.

Y luego de un año con sus compañeros, las cosas no fueron difíciles.

Hubo una persona a la que le pareció extraño que Manuel no supiera que Martín se iba a mudar, si eran amigos tan cercanos.


23.

Manuel terminó su enseñanza en Argentina y decidió que no quería ir a la Universidad de Buenos Aires ni a ninguna otra trasandina.

Él quería estudiar en Chile.

En la Católica, o la Chile, o la USACH, o el Pedagógico, pero en Santiago de Chile.

Ludwig y Feliciano lo entendieron.

Feliciano solo se lamentó el tener que verlo partir.

Manuel tuvo encuentros amorosos durante esos tiempos. Se lió con chicas, probó con chicos, pero nadie logró siquiera darle un poco de la satisfacción que vivió ese día, esa ocasión en esa aula oscura con Martín.

Él se pregunta por qué.


24.

Un día está almorzando con una amiga en el patio de Humanidades, comentando acerca del examen de Introducción a la Lingüística. Están cerca de la Facultad de Filosofía y unos muchachos están fumando alrededor.

- Dame tu facebook, no te he agregado.

Manuel pestañeó.

- No tengo facebook.

- ¿En serio? ¡Pero créate uno! ¡Estai’ en la U, va a ser vital! -bromea ella.

Pero Manuel cree que tiene mucha razón.


25.

Esa misma tarde, cuando llega a su casa, Manuel comienza a crearse un perfil en este sitio web, mientras analiza lo útil que sería para mantenerse en contacto con su grupo de amigos.

Elige una foto decente, llena sus datos, a nadie le importa pero qué le va a hacer uno, te los piden allí.

Cuando acaba, ve que existe una sección para buscar personas.

Le duele un poco el pecho cuando sus dedos tocan las teclas, pero ahí está, tipeando su nombre. Pone ‘’Martín Hernández’’ y lo que encuentra, hace que la cara se le caliente, justo como el primer día en que lo vio.

Ahí está él, con su cabello rubio y sus ojos verdes, su rostro más maduro, al lado de una muchacha bonita, sonriendo. Su sonrisa perfecta.

Manuel cerró la página de un ¡zaz!

Los recuerdos de todo su sufrimiento vinieron a embargarle, y volvió a sentir cada lágrima como si fuese la primera, aunque sus ojos estuviesen secos. Regresó aquel sentimiento de pesar, recordó cuán mal se sintió por meses consigo mismo, rememoró todo, todo, y rememorar dolía montones.

Una llamada. Una llamada era lo único que pedía.

Una llamada para saber si estaba bien, para saber si continuaba con su bonita sonrisa, para saber si estaba haciendo felices a otras personas, una llamada y Manuel hubiese sido dichoso durante todos estos años. Una llamada hubiese reemplazado el dolor y el rencor, que alimentaban ahora una herida que no sanaba y que se negaba a cicatrizar.

Una llamada para que le explicara el porqué.

Por qué actuó como si él no le importara.


26.

Al día siguiente, Manuel fue a uno de los computadores de la biblioteca de San Joaquín, a terminar un trabajo de investigación de Literatura Universal.

Al ingresar a facebook, no tenía notificaciones ni mensajes, solamente una cosa:

Una solicitud de amistad de él.
Asunto Pendiente (Argentina/Chile)
Inspirado en una historia real.

Ayy hace tiempo que no escribía drama con mis washitos y ya los estaba echando de menos :c

Gracias por leer, espero sea de su agrado ;D

La frase que lee Manuel es de Demian (Hermann Hesse).

Manuel y Martín pertenecen a Rowein.
Ludwig y Feliciano pertenecen a Himaruya.
Rayén es un OC mío y de una amiga.
Tiare a Feasama.
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LizaxParker
Bárbara
Artist | Student | Literature
Chile
Me llamo Bárbara.
17 años.
Me dicen Barby o Babi.
Estudiante de Ciencia Política.
Adoro escribir. El talento al plasmar literatura en el papel es seguramente lo mejor que tengo.
Labia. Labia. Labia.
Las ideas de Marx constituyen el idealismo perfecto, pero en estos tiempos se necesitan reformas. Social Democracia.
Psicopatía, sociopatía son algunos de los temas de la mente que me interesan.
Buena para la lingüistica, buena para el inglés, excelente memoria.
Poseo una mente científica.
Empatía limitada.
Nerd.
Medio frívola.
No entiendo el lenguaje figurado.
Rara. Rara. Rara.

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Comments


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:iconvladluk:
Vladluk Featured By Owner 3 days ago
¡Gracias por el fav! :D
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:icontellitakagamine:
TeLlItAKaGaMiNe Featured By Owner Oct 12, 2014  Hobbyist Artist
hola adoro lo que eh leido de ti y sobre lo de las gemelas patagonias no se por la descripcion logre dibujar algo no se si quieres verlo alguna vez igula ahdjhsadj adoro como escribis
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:iconlizaxparker:
LizaxParker Featured By Owner Oct 13, 2014  Student Writer
Muchísimas gracias :heart: Yo estoy feliz de que te guste lo que escribo :D y por supuesto que quiero ver ese dibujo, graaciaaas!!
Reply
:icontellitakagamine:
TeLlItAKaGaMiNe Featured By Owner Oct 13, 2014  Hobbyist Artist
"escribis" ni idea por que lo puse asi,cuando los encuentre lo subo y lo vez (escribio a lo chilena sin saber porque)
Reply
:iconlizaxparker:
LizaxParker Featured By Owner 5 days ago  Student Writer
Jajaj no te preocupes! Dale, me encantaría verlos!! :D
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(1 Reply)
:iconconejogalactiko:
conejogalactiko Featured By Owner Aug 28, 2014  Hobbyist Digital Artist
Hola Barby! Bouquet of Roses - Free Avvie by r0se-designs

Thanks for Fav by iremnaz Adorable Girl Anime Emoji (Heart Dance) [V6] 
en mi comic "Ex. Kapitan 3""

Saludos! New Kiss-the-Iconist Icon by Kiss-the-Iconist
Flag of Mexico by EmilyStor3
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:iconlizaxparker:
LizaxParker Featured By Owner Aug 29, 2014  Student Writer
De nada~ :3 Saludos también :D
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:iconfilusek:
Filusek Featured By Owner Aug 25, 2014  New member
Hello, please check my blog enjoymoneyflow.com/kuroi
Reply
:iconpromenadequeen:
PromenadeQueen Featured By Owner Aug 13, 2014  Student General Artist
Thank you for faving some of my FrUK c: 
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:iconlizaxparker:
LizaxParker Featured By Owner Aug 15, 2014  Student Writer
No problem :D
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